Dime dónde vives y te diré que salud tienes

El informe “Cuando la casa nos enferma. La vivienda como cuestión de salud pública”, realizado por la asociación Provivienda en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y presentado hoy, concluye que una buena política de vivienda es, además, una política de prevención en salud.

La investigación se centra en la inseguridad residencial que marca “seriamente” el bienestar social y psicológico de los ciudadanos, y evidencia que los impactos de una vivienda deficiente en la salud son múltiples (patologías, discapacidades, síndromes o trastornos).

Durante la presentación, Gema Gallardo, directora de Provivienda, asociación sin ánimo de lucro que trabaja para garantizar el derecho a la vivienda, ha señalado que uno de los objetivos era ponerle rostro a las historias de exclusión residencial, a los “zombis sociales”.

El informe se basa en datos oficiales, entrevistas a expertos y 46 familias participantes en la intervención social de los proyectos de Provivienda en Madrid, Barcelona y Tenerife, además de encuestas a 77 personas/familias que actualmente están ocupando su vivienda en barrios madrileños y a 25 que regularizaron su situación con la entidad bancaria y pagan ahora un alquiler social.

El “sinhogarismo” es uno de los fenómenos que analiza el informe, que señala que la esperanza de vida de las personas que viven en la calle es entre 20 y 30 años menor que el resto de población. Además, presentan de dos a 50 veces más problemas físicos.

Existe, además, una desviación entre la percepción subjetiva de su estado (casi seis de cada diez indican tener buena o muy buena salud) y lo que observan los profesionales que les atienden, ha señalado el responsable del informe, el sociólogo Thomas Ubrich.

Los problemas de salud recurrente entre las personas sin hogar afectan principalmente al sistema circulatorio (20,9 %), respiratorio y digestivo (20,3 %), endocrino (17,4 %) y osteoarticular (16,8 %). También los dermatológicos son muy comunes.

Pero, según el informe, más importantes que los síntomas físicos son los mentales: un 16,6 % están afectados por un trastorno psiquiátrico grave.

Habitar en casas “inhabitables” también influye en el desarrollo de algunas patologías. El riesgo más alto está asociado al frío, la humedad y el moho, seguido de la exposición al radón, ácaros del polvo, monóxido de carbono, crecimiento de hongos y plomo.

Más de dos millones de familias en España residen en viviendas con goteras o humedades en paredes y techos, a lo que se une en algunos casos la escasez de luz natural, que afecta a 775.000 hogares.

El informe revela también el impacto psicológico que causa vivir en una “infravivienda”, que está detrás de la sensación de “vergüenza” que afecta tanto a personas adultas como a menores; en estos últimos puede desembocar en aislamiento.

De hecho, los índices de depresión o ansiedad derivados de unas condiciones de vivienda inadecuadas son “extremadamente altos y muy superiores a los del conjunto de la población”.

Las dificultades de acceso, los problemas de asequibilidad de la vivienda o la inestabilidad en la misma también son condiciones que afectan “claramente” al ejercicio del derecho a la salud, según este trabajo que también analiza el impacto de la pérdida de la vivienda.

Las personas en proceso de desahucio tienen tres veces más probabilidades de tener mala salud percibida y se asocia también con un aumento de la hipertensión y los problemas cardíacos.

Se detecta, además, cómo es detonante de problemas de salud que ya estaban superados en muchos casos, ha señalado Ubrich.

La investigación pone también el foco en el fenómeno de la ocupación por necesidad, situación en la que estarían 73.500 hogares en España.

Las personas entrevistadas relatan su situación de ocupantes como la única vía de escape antes de quedarse en la calle y es común que expresen sensaciones de nerviosismo, ansiedad e intranquilidad, derivadas de la inestabilidad y la falta de vinculación legal.

Vivir con el miedo de que “tiren la puerta” en cualquier momento y tener la ley en contra se traduce en estrés y angustia generalizados. Además, los trastornos de ansiedad cronificados están vinculados a problemas musculares y digestivos, cefaleas y cansancio.

El sociólogo ha recalcado que el informe contradice el estereotipo extendido de que la ocupación está generando conflictos vecinales. “Nos hemos encontrado con muchos vecinos que se solidarizan y tratan de ayudar”.

 

Fuente: efesalud




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